Conozca la herencia jesuítica de Córdoba y descubra las riquesas de nuetro patrimonio cultural. Con orgullo los cordobeces muestran el legado jesuítico a la aldea global. Sabiendo que cada uno es centinela en el cuidado y conservación de estos bienes que ya pertenecen a toda la humanidad.
Parte del patrimonio son la Manzana Jesuítica y las Estancias, construidas entre los años 1616 y 1725. Recorrerlas es viajar al pasado … 4 siglos atrás.
Inquebrantable en su misión de divulgar el Evangelio y la enseñanza en tierras infieles, la Compañía había sentado sus bases en lo que hoy conocemos como Manzana Jesuítica, donde se levantaban la Iglesia de la Compañía, el Colegio Máximo y el Convictorio. Con el tiempo se transformaría en la Universidad Nacional de Córdoba y el Colegio Nacional de Monserrat.
Desde hace más de 400 años esos claustros y esas aulas han sido transitadas por personas de los más remotos lugares en busca de ciencia y conocimiento, como un faro que guía y atrae a los navíos en la ciega oscuridad. La labor de miles de aborígenes, que a la sombra del sayo misionero se convirtieron en los primeros albañiles, artistas, orfebres, ebanistas y herreros de estas tierras, aún puede observarse intacta en las bóvedas y retablos de la Compañía y la Capilla Doméstica. La particular fusión del arte nativo con el barroco europeo dio como resultado un estilo único y característico que ha sido estudiado por expertos de todo el mundo.
Pero para que la utopía evangelizadora y educativa soñada por San Ignacio fuera posible, la Orden necesitaba un sustento económico propio. Fue así que generaron su propio mantenimiento a través de seis Estancias formadas o adquiridas entre el siglo XVII y principios del XVIII
Fortaleza de la oferta provincial
Cuando la Unesco declaró al conjunto jesuítico Patrimonio de la Humanidad, los ojos del mundo se posaron en Córdoba. En la actualidad es el producto calificado que atrae a innumerables turistas extranjeros a la provincia.
En 1599, la Compañía de Jesús se instaló en Córdoba y su presencia signó el más calificado futuro cultural para la provincia y el país. Educación y evangelización, en justas dosis, fueron los baluartes con los que la orden trazó una marca que beneficia a Córdoba hasta la actualidad.
Habían pasado cinco siglos de la llegada de los jesuitas a Córdoba cuando la Unesco reconoció esa obra como Patrimonio de la Humanidad.
A partir del valioso galardón se conformó el "Camino de las estancias jesuíticas", itinerario turístico cultural que permite descubrir y conocer los valores patrimoniales compuestos por la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba y las estancias de Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683).
A partir de ese valioso reconocimiento se conformó el "Camino de las estancias jesuíticas", itinerario turístico cultural que permite descubrir y conocer los valores patrimoniales compuestos por la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba y las estancias de Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683).
ESTANCIAS
Estancia Caroya -(1616)
Colegio Monserrat -(1687)
Eran grandes establecimientos agro-ganaderos destinados a sostener económicamente la tarea que se desarrollaba en la Manzana Jesuítica. Estas Estancias contaban con puestos, corrales y potreros para el ganado vacuno, lanar, mular y caballar, huertas para frutales y hortalizas, chacras para cultivo de trigo y maíz, percheles para granos, tajamares y acequias para riego de cultivos y funcionamiento de molinos y atahonas. También obrajes para trabajos de carpintería, herrería, curtiembre y tejidos, jabonerías y panaderías, hornos de cal y ladrillos. Además, en los cascos se levantaban rancherías para la vivienda del personal, casa de residencia de los Padres y Hermanos estancieros, y una capilla para la administración de sacramentos. En el marco de este sistema complejo, los jesuitas produjeron importantes aportes a las ciencias, la tecnología y las artes de la época, destacándose los trabajos de cronistas e historiadores, paleontólogos, geógrafos y cartógrafos (quienes produjeron las primeras descripciones y mapas especiales de estas regiones), filósofos y teólogos, naturalistas, matemáticos, arquitectos (con nombres destacados como los de Bianchi y Primoli), músicos (con la obra de Domingo Zípoli, uno de los músicos más destacados de la época). Instalaron la primera imprenta existente en el sur de América, construyeron novedosos sistemas hídricos de riego de tierras de cultivo, así como también iniciaron el uso de la cal nativa en la construcción.
Este concepto de patrimonio único ha llevado a la UNESCO a incluir el "Camino de las Estancias y la Manzana Jesuítica" en la lista de Patrimonio de la Humanidad, en la cual están reunidos los testimonios mundiales de carácter natural y cultural con valor relevante para toda la humanidad. Porque el mundo entero tiene derecho a descubrirlas, conocerlas y disfrutarlas.
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